Me has devuelto… 

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Me miraste, abriste mi alma como quisiste, solo para besar heridas que no se curan. Abrazas mis pensamientos desquisiados, danzas con mis sombras. Te permito entrar, me dejo llevar por el sondeo de tus palabras y encuentro refugio. Tus ojos se cierran lentamente, te quedas dormido… por un momento, mi mundo se paraliza, te observo. Velo tu sueño en un sutil suspiro y comprendo lo mucho que te quiero. Entiendo que lentamente mis demonios se apasiguan con tu presencia, que mis noches me reciben serenas con sueños donde estas tú…

©C. Feliciano-Avilés, 2015

Libre

https://livelovelaughandletitgo.wordpress.com/journal-entries/journal-entry-2/
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Inhalo el aire que me lleva a la libertad… veo  imágenes deslizarse de mi regazo, se escapan. Desvanecen las voces que me enjuician cada día. Vuelo…. Vuelo. Siento alcanzar mis sueños, los agarro con recelo y recuerdo… tanto tiempo.

Voy despertando de una realidad tenebrosa para vivir un anhelo centenario. Me deslizo por los escurridizos hoyuelos de pensamientos que quiebran. Me vuelvo agua sutilmente, soy una partícula en un hermoso manantial lleno de estrellas. La nieve acaricia mis labios en un enigmático beso que me congela.

Cicatrices de una vida entera se difuminan mientras mas alto subo…. y en la cúpula más alta me detengo para admirar el cielo que pronto olvidaré.

©C. Feliciano-Avilés, 2015

Piña

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Lo hago casi todos los días por que es la única forma en la que se despiden las sombras que me perpetúan cada noche en un juicio que no me pertenece. Así vuelo tan alto como las heridas no me dejan. Me hago tan sensible a mis emociones que puedo escuchar las historias de mi vida. Lloran mis recuerdos cuando me escondo de mi realidad… se vuelve tan real, el sueño que siempre rocé que me lo vivo. . . Me juzgan por la terrible obsesión de encontrar libertad en esto. Pero funciona, cada vez funciona y vuelo. Me recuesto de una niñez intangible, no la que viví, sino la que creé. Brillan, sueños estrellados con el va y ven del viento y me da por bailar. Bailo bajo una lluvia mágica que transporta mi alma a la fantasía encarnada.

Ya no me quejo de mis experiencias, de laceraciones carnales que penetraron mis entrañas. Mas bien me dejo llevar del viento, corro y corro por los minutos que me den un hogar, por un fuego innato que resurja y me amarre a un sueño para siempre. Con el tiempo he aprendido, que importan los cortometrajes de momentos serenos… que el futuro es incierto y al final de cada día las emociones son las mas que se recuerdan.

Ya no me importan las palabras ajenas… las miradas. Ya no importa nada. No pertenezco a nadie sino a todos lados. Pertenezco al viento que me lleva a cantar, a las noches estrelladas… pertenezco a mis recuerdos más preciados, a las risas que jamás olvidé.

©C. Feliciano-Avilés, 2018

Desafio

Pedazos de miel en jaula

Desafío

Ignoras la voz que emerge de tus pensamientos cuando gritan su nombre. Retas tus emociones a olvidar el rostro que estremece hasta tus pies. Sueñas con ella, y solo en tu delirio te permites amarla libremente. Silencias tus palabras para que rostros ajenos no juzguen tu juicio. Guardas sosiego en las noches, con temor de que te escuchen sollozar su nombre, pero…

Aunque luches sigue siendo el arma capaz de reventar tu alma.

El sol despierta, revitalizando tu esencia. La ves, se encuentran, te paralizas entre el va y ven de la multitud ajorada. Te desprendes del mundo, trasciendes. Las voces se callan. La armadura ardua se desliza, caen en el suelo tus miedos, te pierdes.

Tan cerca, más cerca… Su pecho roza el tuyo, danzan palpitaciones al mismo andar. Tiemblan tus piernas, es tu vulnerabilidad y tu la de ella. Te desnuda el alma sutilmente. Te corresponde, toca…

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Morí despierto

Pedazos de miel en jaula

Me detuve.

Mis palpitaciones se hacían menos ruidosas, mis ojos no parpadeaban, apenas respiraba, no me encontraba. Me arropó un silencio espantoso frente a las manecillas de un reloj roto. Rendí mis pensamientos ante la enaltecida presencia de un miedo atroz que amenazaba con destruir mi alma. Tras un relámpago, despierto sólo para atreverme a soñar. Te veo y lloro sin lágrimas. Lloro las noches que no te veo, los días que desapareciste, los besos que me abandonaron, las caricias de noche que tanto ansío y todas las oportunidades que ya jamás tendré. Se enferma mi espíritu y en mi desesperada búsqueda de aliento emerjo de entre las dudas . Encuentro pedazos de un corazón reventado, lo beso… lo abrazo y lo conservo. Es todo lo que tengo.

Avanzaron los días, las mañanas frías, los vientos húmedos y las noches vacías… sin mi. Reticentes palabras me enlazaron en un…

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Cuando las luces se apagan

Ephemeral Digital Portraits By Alberto Seveso
Ephemeral Digital Portraits By Alberto Seveso

Me aguanto fuerte de esta desquiciada obsesión de ser libre, aparentemente es lo único que queda… Mientras tanto, camino por desiertos colgados de remordimientos, que aun gritan mi nombre. Cae el crepúsculo.

El tiempo ha congelado mis pensamientos, en la disputa desequilibrada, que día a día me gana. Y mientras tanto, envejezco. Me sofoca el viento que cuenta mi historia una y otra vez. La locura alcanza mis brazos, quebrantando toda mi cordura.

Me vuelvo polvo, exiliada de un paraíso inventado. Y ya no siento nada o lo siento todo. No entiendo, no veo, no escucho… Agonizo bajo unos aguaceros ardientes que desgarran mi piel.

Cierro los ojos en busca de redención, encuentro el sueño de bosques ancianos y brisas calmadas bajo un cielo estrellado. Cuelgo mis fantasías de mis hombros y emprendo el viaje, desenado nunca despertar…

Y no despierto.

©C. Feliciano-Avilés, 2015

Nos perdimos 


Esporádicamente te pienso, cuando el silencio se postra en mis brazos y el viento susurra tu nombre. Suspendida en el aire fresco, me espantan los secretos que encadenan mis ojos… te veo. Una punzada aprieta mi alma, y murmuro “ cuanto te extraño”.

Ahogo mis llantos en el delirio de tu llegada. Despido mis pensamientos, suelto mis ganas. Tiemblo estremecida, mojada en la angustia que desnuda los besos que me regalaste. Impregnados en mi cuerpo, arden con los recuerdos.

En medio de este desahogo, entiendo que más allá del vinculo que nos unía, nos separaba el miedo de perdernos… Irónica es la realidad ahora, que al final, sí nos perdimos.

©C. Feliciano-Avilés, 2015

El día que desperté

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Había muerto, el día que comprendí por qué mis lágrimas ardían. Cicatrices perforaron mi rostro el día que me rompí. En la prisa de recoger un corazón despellejado, mi voz se perdía. Un silencio sepulcral agarró mi regazo, acortándome la respiración. Los días me secaron el alma, y en la transición de perderme, caí en un sueño profundamente inerte…

Cuando perdí las esperanzas, cruzamos.

Recogiste mis lágrimas, indagaste mi alma, reconstruiste los recuerdos que quedaban de mí. Abrazaste mis defectos, decidiste quererlos. En el transcurso  me enseñaste a querer. Velaste mis sueños, besaste mis sombras… las despediste.

Ahora entiendo que el sufrimiento es la vía genuina que nos acerca a la compasión y encuentro de emociones trascendentales. Comprendo que aún en la enigmática oscuridad de la melancolía y el dolor… regocijo llegará, y el sol un día saldrá.

Hago cosas raras

Lo mejor que he leído esta noche!

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Digamos que hago cosas raras.

No me gustan los caminos rectos si no son hasta tu boca.

Por eso di un rodeo hasta para olvidarte.

Y nunca quise olvidarte pero me esta haciendo falta.

Y he seguido haciendo cosas raras.

He intentado descolgarme las heridas de la piel.

Igual que una camiseta de la cuerda de tender.

Lo mismo que un cuadro de un museo.

Volví a conducir rápido. Suicida.

Para adelantar de noche a mis temores.

Como digo, hago cosas raras.

Te busco en los botes vacíos de la despensa.

Aun veo ala primavera temblar en nuestras fotos.

En las discotecas solo veo Fast food.

Ningún alma que llevarse a la boca

Me hago un torniquete en la memoria.

Para que no se desboquen los recuerdos.

Por si lo olvidaste, hago cosas raras.

Y corro, de un lugar a otro.

Mi cabeza ya lo entiende pero no mi corazón

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Volver a verte

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Me acerco a tu celaje, perpetuando lo segundos que han congelado este encuentro. Decido mirarte a los ojos, una vez más. Recuerdo entonces, por que se me aprieta el pecho cada vez que te veo. Algo peculiar encuentro, tus historias me besan, susurrando secretos que escondidas tras tus lágrimas. Sentí tu peso caer sobre mí, apenas respiro, apenas lo soporto. En plena oscuridad, tu voz emerge a rescatarme, por que todo ha pasado. Ahora comprendo el lustro de tus ojos cuando miras al horizonte, dejando volar las cicatrices que te acompañan en tu silencio. Así descansas… solo así, descanso.

©C. Feliciano-Avilés, 2015