Perdimos los dos

Perdimos los dos. ©

Encuentro tus ojos entre la multitud, me siguen. Apretándome el pecho, intento conseguir aire, convencida del efecto que tienes sobre mí. Lucho por expulsarte de mis pensamientos. En lo que consigo recomponer mi postura te acercas a mí, con una única mirada penetrante que me seduce en todos los sentidos. Respiro incontrolablemente, siento calor, comienzo a sudar y muy en el fondo de los rincones de mis recuerdos se pasean imágenes de encuentros previos; llueve ansiedad sobre mí, se reafirma la lucha interna entre mi deseo y mi consciencia que no manda ahora, aquí.

Sé que dolería, se que perdería y mientras tanto te acercas, se reúnen ráfagas de latidos alocados, se me sale el corazón, no lo aguanto… no quepo dentro de mi cuerpo, quisiera emerger.

Pronto estas tan cerca que puedo respirar tu aliento, casi siento tus labios. El perfume que te presenta se adhiere en mi piel como recuerdo de que no eres una alucinación. Me miras nuevamente y siento perderme, me vuelvo una miserable alma dependiente de tu presencia, me dejo seducir, morí.

Atrévete a besarme, o lo hare yo, pronto, ahora. ¿Te beso entonces o me besaste tú? Comienza el juego de besos desesperados, me elevo. Tocas mi cabello y me besas el cuello, respiro bruscamente, ya no me sostengo. Me tiemblan las piernas, caigo en tus brazos. Pronto se desatan corajes intensos, te pego, te beso por ser mi dicha y desdicha.

Me arrastras al muro oscuro, me desnudas con tu boca, emergen sollozos placenteros, nos dominamos, nos amamos. Se dilatan mis pupilas con cada mordida, me interpongo entre tu supremacía, tirándote al suelo tras un baile seductor… recupero mi confianza. Te pierdes entonces en mis ojos, te beso a medias, tu cuerpo hierve. Me siento entre tus piernas solo para disfrutar mi venganza. Jugamos a sentir placer, actuamos a amar olvidando que amamos de verdad.

Me adviertes que me rinda, solo por pánico a obsesionarte, a desearme demasiado, a añorar tenerme entre tus brazos, a no poder olvidar mi cuerpo. No me rindo, no puedo, me hundí, me confundí, ya no es venganza, caí en el limbo, no respondo, no regreso.

No me dices nada, deje de pensar en palabras. Perdimos los dos, resurgió el fulgor, no se apago, no murió. La noche restante continúo cantando gestos de amor… Cuerpos desnudos bailaron entre sí, la danza de novatos amantes y ya más nunca se despidieron.

 

Camila Cristal Feliciano Aviles

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