Meteorito en el jardín

 

Meteorito en el jardín©

            Recuerdo el día que me rompí, puedo re experimentar esa tarde calurosa de julio en la que perdí el control y todo cambió. Una cólera intensa de apoderó de mis pensamientos, quemando cada herida, haciéndola más grande. Se rompió cada pedazo de mí. Podría decir que el resultado de esa catástrofe es un meteorito gigantesco, cuanto lo odie…

Siempre está conmigo, ese meteorito. Se encuentra en los jardines de mis sueños, colgando de mis flores favoritas, recordándome una y otra vez lo que esconde. Quizás lo peor de todo es no poder olvidar. Las emociones que subyacen al ver al meteorito son del todo muy perturbadoras.

Así que me siento frente a él, intentando no juzgarlo por su apariencia y adentro encuentro todos mis recuerdos. Me he rendido de luchar en su contra, a pesar de todo ya es parte de mí. Así que lo llenaré de flores para verlo bonito, pues realmente es el resultado de causas externas que penetraron la fibra más profunda de mi esencia, y en efecto guarda una pieza fundamental de mí.

Tras aceptarlo comprendí que condenar nuestras emociones es la peor forma de desvalidarnos…Tratar de controlar todo, es la forma más fácil de alejarnos de la vida en sí, pues en la medida que comprendes que nunca estás en control, comienzas a vivir graciosamente y todo hace sentido. Dejar correr meteoritos por mi jardín quizás no sea la mejor idea para mí jardín pero es parte de mí, y aceptarlo es la forma más genuina de amarme.

Recuerdo el día que me rompí, puedo re experimentar esa tarde calurosa de julio en la que perdí el control y todo cambió. Una cólera intensa de apoderó de mis pensamientos, quemando cada herida, haciéndola más grande. Se rompió cada pedazo de mí. Podría decir que el resultado de esa catástrofe es un meteorito gigantesco, cuanto lo odie…

Siempre está conmigo, ese meteorito. Se encuentra en los jardines de mis sueños, colgando de mis flores favoritas, recordándome una y otra vez lo que esconde. Quizás lo peor de todo es no poder olvidar. Las emociones que subyacen al ver al meteorito son del todo muy perturbadoras.

Así que me siento frente a él, intentando no juzgarlo por su apariencia y adentro encuentro todos mis recuerdos. Me he rendido de luchar en su contra, a pesar de todo ya es parte de mí. Así que lo llenaré de flores para verlo bonito, pues realmente es el resultado de causas externas que penetraron la fibra más profunda de mi esencia, y en efecto guarda una pieza fundamental de mí.

Tras aceptarlo comprendí que condenar nuestras emociones es la peor forma de desvalidarnos…Tratar de controlar todo, es la forma más fácil de alejarnos de la vida en sí, pues en la medida que comprendes que nunca estás en control, comienzas a vivir graciosamente y todo hace sentido. Dejar correr meteoritos por mi jardín quizás no sea la mejor idea para mí jardín pero es parte de mí, y aceptarlo es la forma más genuina de amarme.

Remoto Recuerdo

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            Caminaba sin prisa por los jardines de aquel parque centenario. Las ramas silvestres reclamaban los bancos de hierro, cubriéndolo de hermosas flores blancas. Fue realmente inevitable reconocer el olor que arrastra el viento, ese que me recuerda a ti. Se acercaba la noche, imágenes pretéritas bañaron mis ojos de nostalgia.

Los momentos buenos pasan tan rápido, que no da tiempo de admirarlos.

Un suspiro muy cansado me tiró en aquella piedra incómoda que al menos me aguantaba. Sentí tristeza y lloré al recordarlo. Miro mis manos para leer las historias que cuentan mis grietas. Ya han transcurrido tantos años y nunca más lo vi. Podría jurar que aún lo amo, tan intensamente como antes o quizás no. Tal vez es tiempo de comprender que el amor no merma sin razón y que cruzamos con personas que nos marcan para siempre.  Debí saber que el tiempo no borrarían su voz en mis sueños. Y ahora que todo es tan distinto… en el silencio, en la noche, en lo ilógico… aún te busco.

Te busco en la neblina que apacigua mi ansiedad, en las recaídas… y cuando me pierdo. Mas aquí tengo todo lo que necesito y el amor que jamás pensé volver a sentir, me recibe con el beso del alba, cada día.

Así que aquí te quedas, una vez más, en los rincones más remotos. Tiempo equivocado. Nunca fue, quizás en la próxima vida.

 

Imagen: https://www.flickr.com/photos/nzcarl/5859300292

Estropicio

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Estropicio ©

Guarda las manecillas que cargas, que no sirven. ¿No ves? Aquí el tiempo ni viene ni demanda. Siéntate delante del espejo a ver si tienes suerte y encuentras de quien son los ojos que te miran. Llena los ceniceros de oraciones a ver si alguien te escucha. Quédate adentro, no salgas…

Te anda buscando un estrepitoso rostro que jura juzgarte, que promete arrastrarte al último abismo. Adelántate a la mazmorra, imagina que vuelas, duerme sobre esperanzas vacías, quizás se llenen de aire.

Y el día que te canses,

el día que decidas caminar sobre la tormenta,

no me olvides.

 

Imagen: http://photocollection.tk/ocean-storm-at-night/

La vida no se POSPONE

La vida no se POSPONE©

 

Eran tantos papeles, había blanco y negro por todas partes… las paredes, el suelo, la mesa, la silla, mi cama, todo estaba cubierto de papeles. Me detuve para ver la catástrofe en vivo de lo que yacía en mis pensamientos.

Recuerdo prender un cigarrillo, hacer un vaso de whiskey y asomarme por el balcón y ver… un mar insaciable bajo una luna en su máxima expresión. Recuerdo ver el movimiento de los árboles, sentir el aire en mi rostro y pensar…

¿Que estoy haciendo?

La vida no se pospone.

El alma no se pospone.

La salud no se pospone.

La estabilidad emocional no se pospone.

El tiempo no se pospone…

Con vaso en mano brindé por la vida, que me hacía un espectáculo.

Me acomodé y volé.

Ultimo día

Ultimo día©

 

La tormenta gemía como un niño furioso. Las nubes cubrían el panorama, no podía ver nada. Busqué desesperadamente sus ojos. Corrí y corrí por cada rincón, por cada sombra, por cada mirada…. pero no estaba. Pensar que lo perdía me hacia olvidar quien era yo. El frío me daba golpes, me tiraba al suelo. Muy deprisa pensaba que debía encontrarlo. Un celaje me hipnotizó en un momento. Brinqué muy alto por el risco que amenazaba con quitarme la vida. Caí de rodillas y mis piernas no volvieron a responder. Me arrastré por la tierra hasta que mis brazos murieron. Miraba al cielo para verlo a él, pero en ninguna parte se encontraba.

Recordé su sonrisa, sus palabras, sus ojos al encontrar los míos. No pude llorar, no pude respirar. Nunca le dije que lo amaba, no podía morir así, aquí… sin decirle.

Me arrastro un poco más hasta encontrar una enorme piedra que funcionó como mi espaldar. En mi bolsillo había una caja de fósforos. Me quité la blusa, casi desnuda… al borde del suicidio. Escribí con fósforos quemados, las letras que provocarían paz a mi muerte. Lo escribí. Manchando la blusa  me percaté de que mis piernas estaban cubiertas de sangre. Estaba muriendo, estaba sucediendo. Realmente este era mi final

No sentí miedo, no pensé en dolor. Mis últimas lágrimas lo recordaron… Que suerte tuve de vivir. Lloré. Finalmente lloré al pensar que siempre lo tuve todo. Lo amaba tanto que dolía pero valía la pena. Siempre.

El aire se hizo muy frio, se me dificultaba atender mis sentidos. Se me cerraban los ojos, se encogía el mundo. Comprendí todo. Realmente lo amé.

Una sonrisa muy genuina despidió la vida que yacía en mí, con las palabras en labios que nunca le dije y le pertenecían…

Te…. amo.

 

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