31 de enero

Ultimo día del mes… y ya estoy cansada, en pausa de la acelerada vida cotidiana que me obliga a correr en vez de caminar. Se detiene la producción, la lectura y simplemente me rindo en la silla empolvada que mira las estrellas, y pienso… la libertad es un espejismo social.

Fragmento

Mueren palabras que nunca te dije, para cerrar la puerta. 

Quemo recuerdos para romperte en mi regazo

Reviento mis emociones para que se despegen las ganas.

Apago mis llantos que me llevan a pensarte…

Y matar lo que nunca muere, antes de que me mate a mí. 

El otro rostro ©

El otro rostro Por: Camila C. Feliciano Avilés
El otro rostro
Minutos funden mis ojos frente al reflejo que jura cuidar mi secreto. Se postra frente a mí un semblante exasperado que apenas puede murmurar. Caen derrumbadas las crónicas que cuentan estas marcas… entonces, me siento liviana. Desnudo mis emociones para verlas danzar con el pincel que canta mi canción favorita.

Se sientan muy cerca, las sombras que despiertan mis llantos pero hoy no molestan. Hoy solo observan. Sigo recogiendo pedazos que solían ser parte de mí, los beso para despedirlos. Nadan por el aire como estrellas pulverizadas, cubren mis manos, hacen magia.

Pinto hasta quedarme sin aliento, sentada en el suspiro pausado que espera por mi partida. Sensaciones se plasman en mi brocha para ser protagonistas de una historia.

Encuentro mi santuario… solo así lo encuentro. Dentro de un corto sosiego, me duermo entre los sueños que adornan mi hermoso boceto.

Las bestias se apaciguan, las pesadillas merman, los recuerdos se olvidan y me siento libre. Brillan mis labios tras la sonrisa genuina que humaniza una simple fotografía.

Deseos fugaces estrechan mi cielo, entonces… me quedo, para siempre me quedo.

Ahora… pertenezco a este lienzo.

-Camila C. Feliciano Avilés

Meteorito en el jardín

 

Meteorito en el jardín©

            Recuerdo el día que me rompí, puedo re experimentar esa tarde calurosa de julio en la que perdí el control y todo cambió. Una cólera intensa se apoderó de mis pensamientos, quemando cada herida, haciéndola más grande. Se rompió cada pedazo de mí. Podría decir que el resultado de esa catástrofe es un meteorito gigantesco. Y cuanto lo odie…

Siempre está conmigo, ese meteorito. Se encuentra en los jardines de mis sueños, colgando de mis flores favoritas, recordándome una y otra vez lo que esconde. Quizás lo peor de todo es no poder olvidar. Las emociones que subyacen al ver al meteorito son del todo muy perturbadoras.

Así que me siento frente a él, intentando no juzgarlo por su apariencia y adentro encuentro todos mis recuerdos. Me he rendido de luchar en su contra, a pesar de todo ya es parte de mí. Así que lo llenaré de flores para verlo bonito, pues realmente es el resultado de causas externas que penetraron la fibra más profunda de mi esencia, y en efecto guarda una pieza fundamental de mí.

Tras aceptarlo comprendí que condenar nuestras emociones es la peor forma de desvalidarnos…Tratar de controlar todo, es la forma más fácil de alejarnos de la vida en sí, pues en la medida que comprendes que nunca estás en control, comienzas a vivir graciosamente y todo hace sentido. Dejar correr meteoritos por mi jardín quizás no sea la mejor idea para mí jardín pero es parte de mí, y aceptarlo es la forma más genuina de amarme

Remoto Recuerdo

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            Caminaba sin prisa por los jardines de aquel parque centenario. Las ramas silvestres reclamaban los bancos de hierro, cubriéndolo de hermosas flores blancas. Fue realmente inevitable reconocer el olor que arrastra el viento, ese que me recuerda a ti. Se acercaba la noche, imágenes pretéritas bañaron mis ojos de nostalgia.

Los momentos buenos pasan tan rápido, que no da tiempo de admirarlos.

Un suspiro muy cansado me tiró en aquella piedra incómoda que al menos me aguantaba. Sentí tristeza y lloré al recordarlo. Miro mis manos para leer las historias que cuentan mis grietas. Ya han transcurrido tantos años y nunca más lo vi. Podría jurar que aún lo amo, tan intensamente como antes o quizás no. Tal vez es tiempo de comprender que el amor no merma sin razón y que cruzamos con personas que nos marcan para siempre.  Debí saber que el tiempo no borrarían su voz en mis sueños. Y ahora que todo es tan distinto… en el silencio, en la noche, en lo ilógico… aún te busco.

Te busco en la neblina que apacigua mi ansiedad, en las recaídas… y cuando me pierdo. Mas aquí tengo todo lo que necesito y el amor que jamás pensé volver a sentir, me recibe con el beso del alba, cada día.

Así que aquí te quedas, una vez más, en los rincones más remotos. Tiempo equivocado. Nunca fue, quizás en la próxima vida.

 

Imagen: https://www.flickr.com/photos/nzcarl/5859300292