El día que desperté

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Había muerto, el día que comprendí por qué mis lágrimas ardían. Cicatrices perforaron mi rostro el día que me rompí. En la prisa de recoger un corazón despellejado, mi voz se perdía. Un silencio sepulcral agarró mi regazo, acortándome la respiración. Los días me secaron el alma, y en la transición de perderme, caí en un sueño profundamente inerte…

Cuando perdí las esperanzas, cruzamos.

Recogiste mis lágrimas, indagaste mi alma, reconstruiste los recuerdos que quedaban de mí. Abrazaste mis defectos, decidiste quererlos. En el transcurso  me enseñaste a querer. Velaste mis sueños, besaste mis sombras… las despediste.

Ahora entiendo que el sufrimiento es la vía genuina que nos acerca a la compasión y encuentro de emociones trascendentales. Comprendo que aún en la enigmática oscuridad de la melancolía y el dolor… regocijo llegará, y el sol un día saldrá.

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7 comentarios sobre “El día que desperté

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