31 de enero

Ultimo día del mes… y ya estoy cansada, en pausa de la acelerada vida cotidiana que me obliga a correr en vez de caminar. Se detiene la producción, la lectura y simplemente me rindo en la silla empolvada que mira las estrellas, y pienso… la libertad es un espejismo social.

©C. Feliciano-Avilés, 2017

Fragmento

Mueren palabras que nunca te dije, para cerrar la puerta.

Quemo recuerdos para romperte en mi regazo

Reviento mis emociones para que se despegen las ganas.

Apago mis llantos que me llevan a pensarte…

Y matar lo que nunca muere, antes de que me mate a mí.

 

©C. Feliciano-Avilés, 2017

El otro rostro

El otro rostro Por: Camila C. Feliciano Avilés El otro rostro

Minutos funden mis ojos frente al reflejo que jura cuidar mi secreto. Se postra frente a mí un semblante exasperado que apenas puede murmurar. Caen derrumbadas las crónicas que cuentan estas marcas… entonces, me siento liviana. Desnudo mis emociones para verlas danzar con el pincel que canta mi canción favorita.

Se sientan muy cerca, las sombras que despiertan mis llantos pero hoy no molestan. Hoy solo observan. Sigo recogiendo pedazos que solían ser parte de mí, los beso para despedirlos. Nadan por el aire como estrellas pulverizadas, cubren mis manos, hacen magia.

Pinto hasta quedarme sin aliento, sentada en el suspiro pausado que espera por mi partida. Sensaciones se plasman en mi brocha para ser protagonistas de una historia.

Encuentro mi santuario… solo así lo encuentro. Dentro de un corto sosiego, me duermo entre los sueños que adornan mi hermoso boceto.

Las bestias se apaciguan, las pesadillas merman, los recuerdos se olvidan y me siento libre. Brillan mis labios tras la sonrisa genuina que humaniza una simple fotografía.

Deseos fugaces estrechan mi cielo, entonces… me quedo, para siempre me quedo.

Ahora… pertenezco a este lienzo.

©C. Feliciano-Avilés, 2016

Meteorito en el jardín

 

Meteorito en el jardín

            Recuerdo el día que me rompí, puedo re experimentar esa tarde calurosa de julio en la que perdí el control y todo cambió. Una cólera intensa se apoderó de mis pensamientos, quemando cada herida, haciéndola más grande. Se rompió cada pedazo de mí. Podría decir que el resultado de esa catástrofe es un meteorito gigantesco. Y cuanto lo odie…

Siempre está conmigo, ese meteorito. Se encuentra en los jardines de mis sueños, colgando de mis flores favoritas, recordándome una y otra vez lo que esconde. Quizás lo peor de todo es no poder olvidar. Las emociones que subyacen al ver al meteorito son del todo muy perturbadoras.

Así que me siento frente a él, intentando no juzgarlo por su apariencia y adentro encuentro todos mis recuerdos. Me he rendido de luchar en su contra, a pesar de todo ya es parte de mí. Así que lo llenaré de flores para verlo bonito, pues realmente es el resultado de causas externas que penetraron la fibra más profunda de mi esencia, y en efecto guarda una pieza fundamental de mí.

Tras aceptarlo comprendí que condenar nuestras emociones es la peor forma de desvalidarnos…Tratar de controlar todo, es la forma más fácil de alejarnos de la vida en sí, pues en la medida que comprendes que nunca estás en control, comienzas a vivir graciosamente y todo hace sentido. Dejar correr meteoritos por mi jardín quizás no sea la mejor idea para mí jardín pero es parte de mí, y aceptarlo es la forma más genuina de amarme.

©C. Feliciano-Avilés, 2016

Remoto Recuerdo

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Caminaba sin prisa por los jardines de aquel parque centenario. Las ramas silvestres reclamaban los bancos de hierro, cubriéndolo de hermosas flores blancas. Fue realmente inevitable reconocer el olor que arrastra el viento, ese que me recuerda a ti. Se acercaba la noche, imágenes pretéritas bañaron mis ojos de nostalgia.

Los momentos buenos pasan tan rápido, que no da tiempo de admirarlos.

Un suspiro muy cansado me tiró en aquella piedra incómoda que al menos me aguantaba. Sentí tristeza y lloré al recordarlo. Miro mis manos para leer las historias que cuentan mis grietas. Ya han transcurrido tantos años y nunca más lo vi. Podría jurar que aún lo amo, tan intensamente como antes o quizás no. Tal vez es tiempo de comprender que el amor no merma sin razón y que cruzamos con personas que nos marcan para siempre.  Debí saber que el tiempo no borrarían su voz en mis sueños. Y ahora que todo es tan distinto… en el silencio, en la noche, en lo ilógico… aún te busco.

Te busco en la neblina que apacigua mi ansiedad, en las recaídas… y cuando me pierdo. Mas aquí tengo todo lo que necesito y el amor que jamás pensé volver a sentir, me recibe con el beso del alba, cada día.

Así que aquí te quedas, una vez más, en los rincones más remotos. Tiempo equivocado. Nunca fue, quizás en la próxima vida.

 

Imagen: https://www.flickr.com/photos/nzcarl/5859300292

©C. Feliciano-Avilés, 2016

Estropicio

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Estropicio ©

Guarda las manecillas que cargas, que no sirven. ¿No ves? Aquí el tiempo ni viene ni demanda. Siéntate delante del espejo a ver si tienes suerte y encuentras de quien son los ojos que te miran. Llena los ceniceros de oraciones a ver si alguien te escucha. Quédate adentro, no salgas…

Te anda buscando un estrepitoso rostro que jura juzgarte, que promete arrastrarte al último abismo. Adelántate a la mazmorra, imagina que vuelas, duerme sobre esperanzas vacías, quizás se llenen de aire.

Y el día que te canses,

el día que decidas caminar sobre la tormenta,

no me olvides.

 

Imagen: http://photocollection.tk/ocean-storm-at-night/

©C. Feliciano-Avilés, 2016

La vida no se POSPONE

La vida no se POSPONE

 

Eran tantos papeles, había blanco y negro por todas partes… las paredes, el suelo, la mesa, la silla, mi cama, todo estaba cubierto de papeles. Me detuve para ver la catástrofe en vivo de lo que yacía en mis pensamientos.

Recuerdo prender un cigarrillo, hacer un vaso de whiskey y asomarme por el balcón y ver… un mar insaciable bajo una luna en su máxima expresión. Recuerdo ver el movimiento de los árboles, sentir el aire en mi rostro y pensar…

¿Que estoy haciendo?

La vida no se pospone.

El alma no se pospone.

La salud no se pospone.

La estabilidad emocional no se pospone.

El tiempo no se pospone…

Con vaso en mano brindé por la vida, que me hacía un espectáculo.

Me acomodé y volé.

 

©C. Feliciano-Avilés, 2017

Ultimo día

Ultimo día

 

La tormenta gemía como un niño furioso. Las nubes cubrían el panorama, no podía ver nada. Busqué desesperadamente sus ojos. Corrí y corrí por cada rincón, por cada sombra, por cada mirada…. pero no estaba. Pensar que lo perdía me hacia olvidar quien era yo. El frío me daba golpes, me tiraba al suelo. Muy deprisa pensaba que debía encontrarlo. Un celaje me hipnotizó en un momento. Brinqué muy alto por el risco que amenazaba con quitarme la vida. Caí de rodillas y mis piernas no volvieron a responder. Me arrastré por la tierra hasta que mis brazos murieron. Miraba al cielo para verlo a él, pero en ninguna parte se encontraba.

Recordé su sonrisa, sus palabras, sus ojos al encontrar los míos. No pude llorar, no pude respirar. Nunca le dije que lo amaba, no podía morir así, aquí… sin decirle.

Me arrastro un poco más hasta encontrar una enorme piedra que funcionó como mi espaldar. En mi bolsillo había una caja de fósforos. Me quité la blusa, casi desnuda… al borde del suicidio. Escribí con fósforos quemados, las letras que provocarían paz a mi muerte. Lo escribí. Manchando la blusa  me percaté de que mis piernas estaban cubiertas de sangre. Estaba muriendo, estaba sucediendo. Realmente este era mi final

No sentí miedo, no pensé en dolor. Mis últimas lágrimas lo recordaron… Que suerte tuve de vivir. Lloré. Finalmente lloré al pensar que siempre lo tuve todo. Lo amaba tanto que dolía pero valía la pena. Siempre.

El aire se hizo muy frio, se me dificultaba atender mis sentidos. Se me cerraban los ojos, se encogía el mundo. Comprendí todo. Realmente lo amé.

Una sonrisa muy genuina despidió la vida que yacía en mí, con las palabras en labios que nunca le dije y le pertenecían…

Te…. amo.

©C. Feliciano-Avilés, 2016

Ilusión de vivir

 

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Ilusión de vivir

¿Vivimos o existimos?…

Pasamos los días pensando que estamos más cerca o más lejos de llegar a la satisfacción plena. Luchamos día tras día, buscando un sentido que satisfaga nuestras ganas… En la medida que soñamos, nos perdemos. Pronto, el trabajo se vuelve drenante, sobrevivir se hace más costoso, las exigencias cotidianas parecen nunca acabar. Terminamos cuestionándonos si realmente vale la pena continuar. Dormir poco, trabajar mucho y pasar los días lo más rápido posible…

Un día, me cansé. Me detuve. Me estaba enfermando, sentía que moría por dentro y me cuestioné si todo era real. Cuestioné los dogmas, las reglas, las enseñanzas, las demandas…

Pasé horas mirando el horizonte, muy en el presente. Los pensamientos se apagaron súbitamente, todo parecía haber muerto por un momento. Sentí ser la única persona en el mundo y respiré. Sentí por primera vez que estaba descansando. Por primera vez vi el sol caer detrás del mar que promete velar su sueño.

Lentamente, todo el universo se movió en sintonía. Un manto estrellado cubrió el cielo, desnudando su cuerpo, sus detalles y su inmensa complejidad.  Sentí que pertenecía a todo. Corrió una energía muy peculiar por mi cuerpo, en respuesta a los cambios del ambiente…. Entonces comprendí que andaba tan equivocada.

Nos enseñan a querer más y más… Nos transforman en máquinas de producción para cumplir un sueño de una sociedad que siempre está hambrienta, que no puede aceptar lo insignificante que somos en el mundo que nos rodea. Se prolifera como las pandemias, la intensidad de dominar, que perdemos de perspectiva que el cuerpo muere más rápido en la medida que le exigimos más de lo que puede dar. Terminamos viviendo en un sueño futurístico de una vida perfecta, olvidando que el presente es todo lo que siempre tendremos.

En la medida que nos encerramos para producir y producir, matamos la sintonía con el universo, con la vida misma. Quizás el problema yace en que queremos entender obsesivamente para que estamos en este mundo, olvidando que quizás nuestro propósito es conservar, disfrutar y presenciar la vida en su máxima expresión.

La vida se manifiesta completamente en este momento y al final solo recordaremos lo que vimos, lo que sentimos y quienes fuimos. Finalmente conectar con la naturaleza, las personas, la vida en sí es la mejor forma de sentir que estamos vivos. Después de todo, el poder o el dinero, incluso las comodidades son más vacías que la pobreza misma.

Renuncié y comencé a vivir. Despedí la obsesión de tener un control que nunca será mío y descubrí que la vida es la ilusión de quien la ve.

Imagen sacada de : http://popchassid.com/the-universe-is-huge-and-you-are-small-and-what-that-means/
©C. Feliciano-Avilés, 2016

Chocando con la misma piedra

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Chocando con la misma Piedra 

            ¿Cuantos años han transcurrido desde que choco con la misma piedra? Pareciera que me gusta, que soy masoquista. La verdad es que las batallas internas que se dan día a día en mi cabeza son dignas de una derrota desastrosa.

Veras…

Cuando la neblina se hace tangible, cuando ya no se siente el agua fluir de los ríos, el sol abrazando tu piel, las noches estrelladas o el sonido de la naturaleza en armonía… te percatas de que estas perdido. No me queda más que seguir luchando… o al menos eso pensé hasta el día que me detuve.

Me encontraba tan vulnerable y herida, que viejas cicatrices indujeron una catarsis en todo mi cuerpo. Justo y preciso el momento, en el que caí en mi más profundo enigma, estaba yo tratando de no olvidar como respirar. Exploté en mil pedazos y mi rostro yacía incrustado en esa enorme piedra. Me despegué cuidadosamente, recogiendo del suelo las lágrimas que me pertenecían. Me senté y observé en silencio. No tenía fuerzas ni siquiera para pensar.

Entonces comprendí… que la gente es como es y no como deberían ser. Entendí que el miedo a un futuro es sufrir a manos de un fantasma. Y sobre todas las cosas, supe en ese momento que nunca, realmente estoy en control de nada… Me tiré al suelo y flui. Imaginé ser el agua que corre desde los ríos y termina en los mares… Imaginé ser el viento fresco que viaja desde las montañas a los llanos. Me levanté con yagas en mis rodillas, las miré por un momento, le di la espalda a la enorme piedra y caminé en dirección contraria.

«Adiós, piedra»  

©C. Feliciano-Avilés, 2016

Ultimo Vuelo

Manejo por la frontera que me invita a olvidarte para siempre. Mis manos bailan con el va y ven de las hojas de primavera. Pruebo una barra de chocolate, bajo el sicómoro más alto del valle. Camino por los montes de vientos cálidos. Siento que levitan mis pensamientos sutilmente. Me quedo dormida en las nubes y sonrío. Me he encontrado, estas alas que parecían más nunca volar, se levantan, prometiendo un último vuelo.

©C. Feliciano-Avilés, 2016

¿Donde está la pobreza?

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Mi hermano me ha dicho que sabes que sientes amor cuando sientes paz, y nunca había pensado en eso. La misma paz que te permite ser quien eres sin paradigmas o fronteras. El compañero que respeta tus sueños y los camina contigo. Se refiere a la armonía de dos almas que no necesariamente comparten el mismo lente, pero si el mismo amor que sienten.

Reflexiono y concluyo que nos enseñan a amar catastróficamente, sin medidas o consecuencias. Al final, muchos se quedan amando solos, otros confundieron curiosidad con besos y abrazos de promesas en vano.

A lo largo de los años he podido comprender que el «amor» que exigen las masas es plástico o de porcelana lleno de adornos, chocolates y muchas rosas con espinas. Se han querido crear reglas que encajonen el amor dentro de una carcel tediosa.

Mi experiencia me me ha enseñado que el amor más genuino (ese del cual habla mi hermano), se encuentra en la pobreza, en los que no tienen nada y dan todo. En las personas que donan tiempo de vida para calmar angustias, en personas que viven graciosamente sin malicia y en personas que lloran cuando sienten dolor y hablan con el corazón.

El dolor acerca a las personas, el sufrimiento sensibiliza las murallas ilógicas. Y a fin de cuentas, buscamos y buscamos por todo lo alto, lo que siempre está con nosotros.

©C. Feliciano-Avilés, 2016